Jornada de emociones fuertes en el Festival de Málaga. Habitación en Roma, la película más esperada del certamen, ha sido presentada a la prensa. Entre gemidos y gestos de amor, Julio Medem ha elaborado su película más apreciable en años. En la esquina contraria del ring, Héroes es cine familiar del que apela a los sentimientos del espectador sin ningún tipo de pudor. En solo dos horas hemos pasado del llanto a… bueno, a aquello que le provoque a cada uno lo nuevo del director de Vacas.Habitación en Roma tiene lugar en un hotel y en una única noche, y la cámara jamás abandona la estancia que le da título al film. Desde el balcón están filmadas la primera y la última escena, y durante el resto del metraje, el siempre inquieto Medem se las arregla para que su película no peque de teatral. La historia es bien sencilla: dos chicas, una española y lesbiana, la otra rusa y heterosexual, pasan una noche juntas en la habitación 422 de un hotel romano. Y a pesar de lo que pudiera parecer por aquel primer tráiler que apareció (y que se hizo sin el beneplácito del director), lo que hacen principalmente es hablar. Bueno, eso, y enamorarse. Hasta los tuétanos.
Remake del film chileno En la cama (que espero rescatar pronto), Habitación en Roma es, al menos en apariencia, mucho más sencilla y contenida que Caótica Ana o Lucía y el sexo, lo que impide que Medem caiga en sus discutibles excesos (dejaremos de lado el “momento Cupido”). Las imágenes parecen mostrarnos que la mejor forma de comunicarse es el uso del cuerpo. Con el inglés, el ruso, el castellano, el euskera y el italiano es más fácil mentir. Las dos mujeres acaban declarándose abiertamente su amor, y el director vasco recurre a la expresiva voz de Russian Red para puntualizar esos momentos de emoción.
Personalmente, y sé que no debería escribir este tipo de cosas (al final se puede acabar hablando de los boquerones del almuerzo), Julio Medem es un director que no me interesa en exceso. No acabo de comprender qué ha querido decir con algunas de sus películas, y cuando baja a la Tierra para ponerse reivindicativo (La pelota vasca, Caótica Ana), digamos que le falta complejidad. Por eso tal vez no sea yo la persona más indicada para comentar esta película, y simplemente debería decir que la recepción en el pase de prensa ha sido más bien entusiasta. Ahora me toca pensar más sobre toda esas referencias a Grecia, Roma y el Renacimiento que hay en la película, y sobre banderas que se izan en mástiles. También puedo pasar a otra cosa.
Mare meva, qué llorera
Héroes transcurre en dos tiempos diferentes pero perfectamente identificables, a la manera de un capítulo de Lost de las primeras temporadas. En un verano de los 80, un grupo de chavales (preadolescentes, podríamos decir), que solo se ven en esa época del año, se reúnen con la intención de ganar una carrera de carros que les permita quedarse con la cabaña mágica del pueblo. En la actualidad, un importante ejecutivo viaja por la misma zona hacia una reunión, pero un incidente le lleva a encontrarse con Cristo, una chica que le hará recordar el espíritu de la infancia.
Si a la cinematografía catalana siempre la asociamos más con el cine documental y de autor, Héroes es la excepción que confirma la regla. De estilo inequívocamente mainstrean, la película le debe todo al espíritu del cine de los 80, de Cuenta conmigo a E.T., pasando por supuesto por Los goonies. Lo más interesante es el punto melancólico que subyace tras el dramón (y con el que sabe jugar el guionista Albert Espinosa, el mismo de Planta 4ª y la serie Abuela de verano), así como la absoluta desvergüenza con la que Pau Freixas ha contado lo que le apetecía.
Héroes es de esas películas ante las que es imposible que no se te escapen las lágrimas, y eso no es necesariamente ni bueno ni malo. Hay que dejar que corran. Guilty pleasure lo llaman algunos. De momento, en el pase había más de uno frotándose los ojos, y en la rueda de prensa más de lo mismo. La inocencia de de las palabras los niños protagonista y de Nerea Camacho (la famosa Camino tiene aquí un papel secundario) despiertan la ternura de cualquiera.








